Crudo: Capítulo diecisiete
Tengo un año. Y me veo. Me veo balbuceando palabras mal
formadas. Solo una sale de mi boca con decisión: papá. Me veo delante de un
enorme árbol de navidad con miles de luces de colores que llaman mi atención.
Entonces pienso que cada una de ellas equivale a un deseo de felicidad en mi
vida. Mi papá me toma en sus brazos y juguetea con mi nariz como si fuera un
tesoro que debo recuperar. Me besa y abraza mientras mis carcajadas de bebé
invaden el lugar. Y soy feliz. Por primera vez soy realmente feliz con mi
familia. Por eso guardo
cada segundo en mi memoria y lo reproduzco en mi mente sin detenerme. Mis
padres me ven con ternura, me quieren, abrazan y besan. No existen los gritos
de odio, los llantos de miedo, las discusiones con violencia, los golpes con
fuerza. Solo hay amor puro.
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