El océano de sus ojos azules me rodean de olas salvajes e inquietas, mientras un susurro de arrepentimiento sale de su boca.
Si pudiera entender, que en realidad, no existe el perdón entre nosotros...si supiera, que no tengo nada que perdonar, porque nunca me provocó infelicidad...si pudiera entender, que mi amor por ella es más grande que cualquier mal en el mundo.
No existen.

Ni siquiera existen adjetivos que puedan describir su encanto.
Como desearía poder explicar lo que siento en este momento. El momento en el que toma mis manos entre las suyas y entrelaza nuestras manos, haciendo que nuestros nudillos de aprieten con fuerza.
Como desearía poder compartir mi don con ella.
El don de poder escuchar los secretos que surgen entre los seres vivos que la rodean...aquellos secretos que corren de oído en oído hasta contaminar de admiración a los seres inanimados, provocando vida en ellos.
El verdadero secreto, es que estoy enamorado de un manantial de dulzura, lleno de cascadas de terrones azucarados y lagunas de miel...miel tan tibia y suave como su corazón.