domingo, 24 de agosto de 2014

1967 días de espera

Dí un paso. Luego otro, y luego otro más.
Estaba tranquila porque sabía que él me esperaba. En menos de un minuto me encontraría a su lado, mirando hacia nuestro futuro juntos.
Mis zapatos de taco alto se hundían con suavidad sobre la alfombra roja cual dedos de niño en un dulce algodón de azúcar.
Mi corazón latía...dulce, esperanzado. Y el vestido blanco que me cubría se deslizaba delicadamente al compás de mis pasos.
Que ansiedad...ser su esposa.
Convertirme después de tantos momentos inolvidables, en el amor de su vida.
¿Seríamos felices?
Por supuesto que sí. No tenia dudas, como cuando acepté su propuesta.
Mientras recorría aquel corto camino, pero a la vez tan ansiado y eterno, recordé cada momento en el que deseamos que esto sucediera: como cuando de la nada misma el deseo salía disparado de nuestros labios y en voz alta: "Quiero casarme con vos", y la emoción nos invadía a ambos.
¡Que increíble! ¿Cuánto se hizo esperar este día...? Entonces un recuerdo pequeño y fugaz invadió mi mente...
aquella vez que durante nuestros primeros años de noviazgo, utilizamos un contador de días y nos pareció una eternidad tener que esperar 1967 días para nuestra fecha de boda: 29 de noviembre de 2019.
Esa era la respuesta: mil novecientos sesenta y siete días.
Casi llegando al altar, lo vi. Allí estaba por fin, cual escena de película... me miraba con sus brillantes ojos verdes y nobles, aquellos que tantas veces me prometieron una vida de infinita felicidad.
Y me sonreía, de la misma manera que lo hacía cuando se daba cuenta de lo enamorado que estaba de mí.
Seguramente estaba ansioso, ya que la paciencia no era su mayor virtud, pero lo disfrutaba. Disfrutaba demasiado el momento. El momento en el que nos prometíamos estar juntos por siempre.
Entonces llegué. Nos miramos con un destello de felicidad en los ojos. Nos tomamos de las manos y nos juramos amor eterno, una vez más en la vida.

miércoles, 18 de junio de 2014

Tu perfección

Ambos estábamos acostados en la cama, tapados hasta los hombros y casi desnudos. Solo nos cubría nuestra ropa interior y la aterciopelada sábana rosada.
No hacíamos nada que cualquier pareja adolescente haría en aquella situación...solo nos abrazábamos.
Podía sentir su tersa piel, la tibieza que desprendía su cuerpo, los profundos y repiqueteantes latidos de su dulce corazón.
Creo que nunca en mi vida, había estado tan agradecida de la belleza que estaba presenciando a su lado, o del amor que me provocaba su sencillez.
Quería tocarlo...acariciarlo. Besarlo. Admirarlo de pies a cabeza. Tenerlo dentro mío...que nuestros cuerpos solo fueran uno.
Me puse de costado, y lo acerqué más a mi cuerpo para poder acariciar su extensa espalda y apreciar su apacible rostro... el tenue parpadeo de sus ojos, sus irresistibles y delineados labios que esperaban anciosamente ser devorados en un apasionado beso; sus finas y arqueadas pestañas cuales puertas que abrían paso a sus abismales y verdosos ojos. Cada centímetro de aquel rostro era perfecto. Enteramente él, era perfecto. 
Entrelacé nuestras piernas, para que el calor de su cuerpo, templara mis helados pies. 
¡Cómo lo deseaba! ¡Cómo lo amaba!
Por su parte, él no lograba apartar su mirada del continuo sube y baja que proyectaba lentamente desde mis labios hasta mis ojos. 
"¿Qué pensará? ¿Qué sentirá?"
Al instante, casi como si hubiera escuchado mis reservados pensamientos, dijo:
<<Siento que te amo más que a nada en la vida>>
Entonces rompimos el espacio que nos separaba en un cariñoso y tierno abrazo, mientras una simple lluvia de emoción se derramaba, en forma de lágrimas, sobre su espalda...
Yo también lo amaba más que a nada en la vida. 
...before you go

miércoles, 21 de mayo de 2014

Corazónes rotos

La discusión fue corta pero densa. Duró lo que tarda en derramarse una gota de miel de una cuchara a rebalsar. Nunca nos habíamos lastimado tanto en los dos años que llavábamos juntos. Sí...llevábamos. Porque no me queda duda de que todo terminó ayer en la noche. Pudimos haber tenido pequeñísimas discusiones y larguísimas charlas de como recomponer lo destruido, pero, la pelea de anoche dejó de ser una discusión pequeña y ni siquiera llegó a tener una larga charla para arreglarlo. Anoche tuvimos nuestra primera y última pelea. 
El porqué aun lo desconozco. Pero no me cabe duda de que fue algo insignificante ya que en menos de un minuto ya estábamos recordándonos viejos problemas "supuestamente enterrados" y el verdadero porque sí había quedado en el olvido. 
Jamás nos había notado tan fuera de sí, tan...crueles.
La habitación era un enjambre de ojos llorosos, voces extremadamente agudas que se convertían en gritos, estallidos de cosas contra el piso, dolor en el corazón. No puedo determinar a quién de los dos le dolió más ya que por más que hoy me encuentre destruida y no pueda siquiera pensar, sé, por los años que llevamos juntos y la manera en que lo conozco, que él también esta sufriendo. 
La pelea terminó con el tan conocido "portazo de adiós". Aquel que nos dice que todo está acabado, o que hay muy pocas maneras de corregir lo errado. Aquel que me dejó sola, lastimada y asustada en nuestra casa. Aquel que indica que no hay marcha atrás a las horribles palabras y discursos que surgieron de nosotros. 
La casa quedó en silencio. Solo se podían escuchar las gotas de agua rompiendo contra el cristal de la ventana de la habitación. Ni siquiera mi llanto provocaba ruido alguno...las lágrimas solo caían y humedecían mi ropa. La cama quedó vacía y sin compañía. El aire que respiraba estaba dolido, al iguales que mi corazón que algún día juré sería solo para él. 
Ya no me quedaba nada.
¡Cuánta razón! / CORAZONES

viernes, 18 de abril de 2014

Lloro, como si...

Un dolor inmenso me abraza. Como si quisiera destruirme en mil pedazos.
El motivo lo desconozco. Solo sé que mis ojos están apunto de estallar en lo que serían cientos de lágrimas. Siento que me queman y arden. Veo borroso.
En mis oídos parece sumbar el extraño bichito del llanto, porque solo puedo escuchar como surgen las lágrimas del fondo de mi ser.
Mi labio inferior comienza a temblar, como si intentara suprimir un grito.
Es triste mi situación. Pero aún  más triste es desconocer porque quiero llorar. Pero...¿quiero llorar?
Entonces una tibia gota de agua salada comienza a caer dejando su camino húmedo marcado en mi mejilla...seguida de otra, del otro lado de mi nariz...y otra por el mismo lugar de donde había surgido la primera. Así mi rostro queda totalmente húmedo y cubierto de una lúgubre agua salada. Estoy lloviendo.
Lloro. Pero me siento libre. Como si me estuviese quitando un enorme peso del pecho. Como si me quitara una espina del dedo. Como si corriera en un verde descampado. Como si gritara a los cuatro vientos en la terraza del edificio más alto de una ciudad. Como si las lágrimas estuvieran felices por salir de su oscura prisión.
Y me doy cuenta que sí quiero llorar. Y lo hice. Y lo sigo haciendo.
Lloro. Pataleo. Escucho mis gemidos de agonía.
Entonces el dolor deja de abrazarme.Como si ya hubiese cumplido su objetivo.
Quiso que llorara, y lo hice. Ahora me encuentro libre de su opresión, y sana de su ardor.

...

domingo, 13 de abril de 2014

Así me enamoré

Y entonces me llevaste al vagón abandonado. Me condujiste al carromato colorado y mágico que soñé en visitar, toda mi vida.
Me tomaste de la mano y me condujiste por las vías hacia un lugar que desconocía, pero del que todo el mundo me había hablado.
No recuerdo mis pensamientos en aquel momento, pero estoy segura de que estaban llenos de ilusión e incredulidad, de emoción y de alegría, de esperanza y de amor.
Entonces nos detuvimos delante de él para observar su grandeza: era alto, viejo y gastado...definitivamente abandonado, y quemaba al estar en contacto con la piel ya que el calor del sol lo bañaba desde la mañana.
Y así pasó. Cuando me invitaste a escalarlo, pasó. Fue aquel instante, en el que me enamoré.
En el momento no lo sabía. Ahora lo recuerdo perfectamente, y estoy completamente segura de que fue allí.
Subimos. Pero desgraciadamente no quería apartar la mirada de mí, mientras yo hacía todo lo posible para escapar de ella por miedo a que descubrieras lo imperfecta que era. Hasta que me di vuelta y me acomodé detrás tuyo para que pudiéramos estar espalda con espalda, cabeza con cabeza, alma con alma y  así dejaras de mirarme.
Sin embargo lo que mas anhelaba era poder admirarte a la luz del sol: tu dulce sonrisa, tus brillantes ojos color arcoíris, tu reluciente y suave cabello...
Todo en aquella tarde fue perfecto: tus brazos rodeando mis hombros en un abrazo, nuestras sonrisas y carcajadas, la tibia brisa del lugar y vos...
Así fue cuando me enamoraste.
Ahora lo sabes. Allí fue cuando te quise más que nunca, y para siempre.
Y cuando deseé una vida juntos.
._. | via Tumblr

sábado, 5 de abril de 2014

Desafío de definiciones #1: cosquillas

 
Desafío de definición #1: COSQUILLAS
Según diferentes fuentes que consulté se define a las cosquillas como:
* una sensación que se experimenta en algunas partes del cuerpo cuando son ligeramente tocadas. Son inicialmente placenteras, pero al cabo de cierto tiempo se vuelven desagradables y suele provocar involuntariamente la risa.
Punto numero uno... estoy de acuerdo con la primera parte de la definición ya que sí es una sensación experimentada en ciertas partes del cuerpo cuando son ligeramente tocadas. Pero habría que tener en cuenta la persona que esta causándolas. En mi opinión las cosquillas no serían cosquillas si no fueran provocadas por alguien que conocemos, o alguien a quien le tenemos un gran afecto...un ejemplo. ¿Sentirías cosquillas si te las provoca cualquier desconocido por la calle, o tu mamá que las hace para sacarte una sonrisa y escucharte reír?
Punto numero dos... "Son inicialmente placenteras, pero al cabo de cierto tiempo se vuelven desagradables y suele provocar involuntariamente la risa" Puede ser que no tengamos una risa perfecta y que en algunos casos sería mucho mejor guardarla que liberarla desaforadamente en un ataque de cosquillas, pero estoy convencida de que el secreto de su fama es la risa. ¿Por que? Porque no hay nada más hermoso que escuchar a una persona que amamos reír. Verla feliz por unos minutos estando o no de acuerdo. Ese es el verdadero placer. Junto con reír por una gran tontería... no es un chiste el que nos cuentan cuando nos hacen cosquillas... es el acto de cariño el que nos da risa. ¿No les parece que no hay mejor manera que reír un poco sanamente...sin chistes, o sin reírse del otro?
¿Qué pasa si en realidad no nos estamos riendo involuntariamente? ¿Si en verdad estamos disfrutando de nuestras carcajadas y del tacto con otra persona? Lo que pasa, es que la risa deja de ser involuntaria, y nos reímos porque queremos ser felices.
Y si bien, si son molestas dentro de un rato porque tanta risa frenética nos deja sin poder respirar <<al menos en mi caso>> es un momento que jamás podría llegar a ser desagradable por completo. Porque no hay nada mejor que reír en compañía.
Por ultimo, también dicen que la risa histérica provocadas por las cosquillas es un mecanismo de defensa...creo totalmente lo contrario. En mi opinión la persona que nos causa las cosquillas es la que se esta defendiendo de nosotros. Un ejemplo para poder explicarme...supongamos que nos enojamos con nuestros respectivas parejas (un enojo simple, por una tontería) pero en el momento no queremos entrar en razón. Allí es cuando nuestro contrincante usa las cosquillas para hacernos reír y sacarnos el mal humor, el enojo o la tristeza. Se están defendiendo de nuestro enojo. ¿Se entiende? Una vez que nos hicieron reír, ya no podemos volver a estar de mal humor, porque ya fuimos felices por unos minutos.
Ese es otro secreto...las cosquillas causan felicidad.
¿Ustedes que opinan?

Es amor ♥
A esto me refiero... ¡¡¡Se esta defendiendo!!!