¿Qué es lo más difícil de recibir una mala noticia? ¿El tener que escuchar una noticia que te rompa el corazón, que te deja solo, y adolorido, o tener que ser fuerte para continuar sabiendo que lo que sucedió sera eterno?
Esta es la duda que surgió por mi cabeza cuando morí. ¿Cuando la tomaría mi mamá o mi abuela? ¿Cómo podrían continuar desde ahora sin mí?
Yo ya lo sabía. Ya lo había "superado" y...estaba "conforme" con el suceso.
Pero el tener que observarlas desde un lugar fantasma, durante el tiempo que les llevara superar mi muerte, era lo más doloroso. Lo más cruel y espeluznante...tener que estar presente, siendo consciente de que ellas no me notaban allí.
Sin embargo allí me quede...parada. Caminando de un lado al otro, detrás de ellas y de todas las personas que sentían algo profundo y verdadero por mí. Así que, de manera omnisciente, los observé a todos.
Vi como organizaron mi funeral. Como lloraron, gritaron y ofrecieron sus condolencias. También vi como sus mentes se sumergían en recuerdos compartidos. Recuerdos felices e imperfectos. Deseos humanos e iluciones.
Vi todos sus sentimientos. Descubrí lo que en verdad sentían por mi. Me llamó la atención entender que quienes decían quererme, no lo hacían como yo creía, y quienes en algún momento estuvieron en desacuerdo conmigo, se deshacían en remordimientos.
Vi sus almas, sus vidas. Vi como la noticia de mi muerte llegaba a cada uno, como sus lágrimas caían o como su incredulidad crecía.
¿Cuanto faltaría? ¿Cuándo me llevaría ella por completo? Cada vez me sentía menos presente, cual tenue luz de vela apagándose.
Despacio y suave, ella me llevaba. No me arrastraba. Me acompañaba, con una mano helada sobre la mía.
Así me fui. Los abandoné a todos. Al mundo. A mi cuerpo y a mi misma. Dejé mi cuerpo, mis sentimientos, mi familia, mis amigos, mi mascota y a él. De quien ahora conocía sus sinceros sentimientos. Eran hermosos y honestos. Pero no tuve tiempo de conocerlos personalmente. Ni de vivirlos.
sábado, 11 de octubre de 2014
lunes, 8 de septiembre de 2014
Need you now- Glee
Para mis mejores compañeras de canto! a las que amo con todo el corazon! gracias por cada momento inolvidable juntas...obvio a los chicos también!
¿recuerdan esta canción? (LEA PASION)
¿recuerdan esta canción? (LEA PASION)
martes, 26 de agosto de 2014
Sin él
Era tarde. Demasiado tarde considerando la hora en la que siempre se iba a dormir y en la cual debería despertar al siguiente día. Pero aquel día había decidido quedarse esperándolo. Eran las dos de la mañana, y no había señales de él. Había intentado matar el tiempo... leyó, pensó, escribió, y se deprimió viendo películas románticas. Sin embargo... definitivamente, no era su día de suerte.
Se podría decir que lo extrañaba. En realidad siempre lo hacía. Pero había días en los cuales necesitaba, en el fondo de su corazón, hablar con él. Aunque solo fueran tres palabras. Necesitaba escuchar su voz, o por lo menos recibir un mensaje para saber que estaba bien, y recordarle que todavía la recordaba.
El problema aquella noche... era que no aguantaría demasiado... tanto porque su paciencia tenía un límite y porque se dormiría sentada en el sillón. Por suerte la música intentaba acompañarla... le servía para pensar, para entender porque se había enamorado de él... porque no podía sacarlo de su mente ni un solo segundo... porque se encontraba todo los días de cada semana pendiente de él... y porque lo extrañaba y necesitaba tanto cada momento solitario que tenía. ¿Por qué? si era un chico como cualquier otro. Sí, era tierno y los mejores momentos a lo largo de su vida los había pasado con él. Pero eso no le daba derecho a enamorarla. ¿Por qué le costaba tanto alejarse siquiera un tiempo de él? Se estaba convirtiendo en una adicción.
Entonces lo decidió...
Decidió apagar todos los teléfonos o cualquier circuito electrónico mediante el cual se podría comunicar, y hacer lo que debería haber hecho desde un principio: continuar con su vida normal a pesar de los horarios que los separaban. Ya se acordaría de ella... en algún momento lo haría. Porque tarde o temprano, siempre volvía.
Se podría decir que lo extrañaba. En realidad siempre lo hacía. Pero había días en los cuales necesitaba, en el fondo de su corazón, hablar con él. Aunque solo fueran tres palabras. Necesitaba escuchar su voz, o por lo menos recibir un mensaje para saber que estaba bien, y recordarle que todavía la recordaba.
El problema aquella noche... era que no aguantaría demasiado... tanto porque su paciencia tenía un límite y porque se dormiría sentada en el sillón. Por suerte la música intentaba acompañarla... le servía para pensar, para entender porque se había enamorado de él... porque no podía sacarlo de su mente ni un solo segundo... porque se encontraba todo los días de cada semana pendiente de él... y porque lo extrañaba y necesitaba tanto cada momento solitario que tenía. ¿Por qué? si era un chico como cualquier otro. Sí, era tierno y los mejores momentos a lo largo de su vida los había pasado con él. Pero eso no le daba derecho a enamorarla. ¿Por qué le costaba tanto alejarse siquiera un tiempo de él? Se estaba convirtiendo en una adicción.
Entonces lo decidió...
Decidió apagar todos los teléfonos o cualquier circuito electrónico mediante el cual se podría comunicar, y hacer lo que debería haber hecho desde un principio: continuar con su vida normal a pesar de los horarios que los separaban. Ya se acordaría de ella... en algún momento lo haría. Porque tarde o temprano, siempre volvía.
domingo, 24 de agosto de 2014
1967 días de espera
Estaba tranquila porque sabía que él me esperaba. En menos de un minuto me encontraría a su lado, mirando hacia nuestro futuro juntos.
Mis zapatos de taco alto se hundían con suavidad sobre la alfombra roja cual dedos de niño en un dulce algodón de azúcar.
Mi corazón latía...dulce, esperanzado. Y el vestido blanco que me cubría se deslizaba delicadamente al compás de mis pasos.
Que ansiedad...ser su esposa.
Convertirme después de tantos momentos inolvidables, en el amor de su vida.
¿Seríamos felices?
Por supuesto que sí. No tenia dudas, como cuando acepté su propuesta.
Mientras recorría aquel corto camino, pero a la vez tan ansiado y eterno, recordé cada momento en el que deseamos que esto sucediera: como cuando de la nada misma el deseo salía disparado de nuestros labios y en voz alta: "Quiero casarme con vos", y la emoción nos invadía a ambos.
¡Que increíble! ¿Cuánto se hizo esperar este día...? Entonces un recuerdo pequeño y fugaz invadió mi mente...
aquella vez que durante nuestros primeros años de noviazgo, utilizamos un contador de días y nos pareció una eternidad tener que esperar 1967 días para nuestra fecha de boda: 29 de noviembre de 2019.
Esa era la respuesta: mil novecientos sesenta y siete días.
Casi llegando al altar, lo vi. Allí estaba por fin, cual escena de película... me miraba con sus brillantes ojos verdes y nobles, aquellos que tantas veces me prometieron una vida de infinita felicidad.
Y me sonreía, de la misma manera que lo hacía cuando se daba cuenta de lo enamorado que estaba de mí.
Seguramente estaba ansioso, ya que la paciencia no era su mayor virtud, pero lo disfrutaba. Disfrutaba demasiado el momento. El momento en el que nos prometíamos estar juntos por siempre.
Entonces llegué. Nos miramos con un destello de felicidad en los ojos. Nos tomamos de las manos y nos juramos amor eterno, una vez más en la vida.
miércoles, 18 de junio de 2014
Tu perfección
Ambos estábamos acostados en la cama, tapados hasta los hombros y casi desnudos. Solo nos cubría nuestra ropa interior y la aterciopelada sábana rosada.
No hacíamos nada que cualquier pareja adolescente haría en aquella situación...solo nos abrazábamos.
Podía sentir su tersa piel, la tibieza que desprendía su cuerpo, los profundos y repiqueteantes latidos de su dulce corazón.
Creo que nunca en mi vida, había estado tan agradecida de la belleza que estaba presenciando a su lado, o del amor que me provocaba su sencillez.
Quería tocarlo...acariciarlo. Besarlo. Admirarlo de pies a cabeza. Tenerlo dentro mío...que nuestros cuerpos solo fueran uno.
Me puse de costado, y lo acerqué más a mi cuerpo para poder acariciar su extensa espalda y apreciar su apacible rostro... el tenue parpadeo de sus ojos, sus irresistibles y delineados labios que esperaban anciosamente ser devorados en un apasionado beso; sus finas y arqueadas pestañas cuales puertas que abrían paso a sus abismales y verdosos ojos. Cada centímetro de aquel rostro era perfecto. Enteramente él, era perfecto.
Entrelacé nuestras piernas, para que el calor de su cuerpo, templara mis helados pies.
¡Cómo lo deseaba! ¡Cómo lo amaba!
Por su parte, él no lograba apartar su mirada del continuo sube y baja que proyectaba lentamente desde mis labios hasta mis ojos.
"¿Qué pensará? ¿Qué sentirá?"
Al instante, casi como si hubiera escuchado mis reservados pensamientos, dijo:
<<Siento que te amo más que a nada en la vida>>
Entonces rompimos el espacio que nos separaba en un cariñoso y tierno abrazo, mientras una simple lluvia de emoción se derramaba, en forma de lágrimas, sobre su espalda...
Yo también lo amaba más que a nada en la vida.
miércoles, 28 de mayo de 2014
miércoles, 21 de mayo de 2014
Corazónes rotos
La discusión fue corta pero densa. Duró lo que tarda en derramarse una gota de miel de una cuchara a rebalsar. Nunca nos habíamos lastimado tanto en los dos años que llavábamos juntos. Sí...llevábamos. Porque no me queda duda de que todo terminó ayer en la noche. Pudimos haber tenido pequeñísimas discusiones y larguísimas charlas de como recomponer lo destruido, pero, la pelea de anoche dejó de ser una discusión pequeña y ni siquiera llegó a tener una larga charla para arreglarlo. Anoche tuvimos nuestra primera y última pelea.
El porqué aun lo desconozco. Pero no me cabe duda de que fue algo insignificante ya que en menos de un minuto ya estábamos recordándonos viejos problemas "supuestamente enterrados" y el verdadero porque sí había quedado en el olvido.
Jamás nos había notado tan fuera de sí, tan...crueles.
La habitación era un enjambre de ojos llorosos, voces extremadamente agudas que se convertían en gritos, estallidos de cosas contra el piso, dolor en el corazón. No puedo determinar a quién de los dos le dolió más ya que por más que hoy me encuentre destruida y no pueda siquiera pensar, sé, por los años que llevamos juntos y la manera en que lo conozco, que él también esta sufriendo.
La pelea terminó con el tan conocido "portazo de adiós". Aquel que nos dice que todo está acabado, o que hay muy pocas maneras de corregir lo errado. Aquel que me dejó sola, lastimada y asustada en nuestra casa. Aquel que indica que no hay marcha atrás a las horribles palabras y discursos que surgieron de nosotros.
La casa quedó en silencio. Solo se podían escuchar las gotas de agua rompiendo contra el cristal de la ventana de la habitación. Ni siquiera mi llanto provocaba ruido alguno...las lágrimas solo caían y humedecían mi ropa. La cama quedó vacía y sin compañía. El aire que respiraba estaba dolido, al iguales que mi corazón que algún día juré sería solo para él.
Ya no me quedaba nada.
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